miércoles, 23 de marzo de 2011

HKD MADRID

En esta ocasión nos vamos a Madrid, al VIII festival de Hapkido que celebra la Federación Española. La intención en un principio era la de no ir, pero después de un par de llamadas, la insistencia de algunos alumnos  y yo que soy fácil de convencer cambie de opinión, era la oportunidad de que algunos alumnos se quitaran una espina. De todas formas la idea de hacer un viaje en coche hasta Madrid no es que me convenciera del todo ya que últimamente habíamos echo algunos viajes a Alicante a causa de un curso que estaba haciendo.
Salimos el sábado de mañana  con media hora de retraso y nos dirigimos por la C-35 para ahorrarnos los peajes. Durante el día se viaja bien aparte de que conversábamos y el viaje se hacía entretenido.


A la altura de Zaragoza paramos a tomar un café y rápidamente continuamos entre risas y algún chiste, el viaje se hacía más largo que de costumbre ya que circulábamos entre 100 y 110 km/h por la autovía.
Al cabo de un par de horas más tarde volvimos a parar, esta vez a comer, salimos en un área de picnic de las que hay en las autovías, nos reímos mucho a causa de una botella de agua de la que alguien quería beber y no podía, “tengo la foto”.
Nos fuimos rápido ya que la hora se nos echaba encima, a esto eran sobre las 14.00h y aún faltaba un buen trozo.
Todo marchaba bien, entramos a Madrid sin dificultad, que no es poco, pero al llegar a Coslada cogimos una calle que nos llevo hasta un polígono, después de dar una vuelta siguiendo las indicaciones del gps y ya casi a la salida, nos encontramos con una patrulla de la guardia civil, solos, con cara de aburridos y yo pensando, al primero que pase lo paran y ya íbamos muy justos de tiempo, mientras pensaba en ello y a apenas 70 mts, salió un coche por mi derecha y efectivamente, lo paran.


Llegamos al pabellón muy puntuales, las 16.00h así que nos toco aligerar el paso hasta la entrada.
Una vez allí, las presentaciones de rigor y rápidamente al dojan, éramos un grupo numeroso y había maestros de Murcia, Valencia, Madrid y Catalunya. Comienza el entrenamiento con una sesión de calentamiento que parecía el de los Marines, a los diez minutos estaban agotados. En ese momento nos proponen a Fabia y a mi dar una parte del curso.



Basamos el 90% de la clase en una técnica de luxación de muñeca y dedos, a mi no me parecía complicada pero parece ser que al resto si, por lo que íbamos a derecha e izquierda corrigiendo y con tantas personas es como si estuviéramos entrenando, seguramente la repetimos más que algunos de los que practicaban.

Durante el curso no tuvimos mucho tiempo para aburrirnos, en esta ocasión y debido a las circunstancias no entrenamos e íbamos de “Grandes Maestros”, más o menos.

La foto de rigor, necesaria en todo evento y tan preciada, nos recuerda a todas las personas que estuvimos allí.
No fue fácil.







Aquí junto a José Manuel Reyes presidente de la Federación Española.
Acabamos más tarde de lo habitual, entre fotos y encajadas de manos y después de una merecida ducha nos dirigimos hasta el gimnasio.
Esta era la parte que más me desespera cuando voy a una gran ciudad y que inevitablemente hay que dejar el coche en algún sitio.
El gimnasio está situado al lado de la plaza de las ventas y como en todas las grandes ciudades ya entras pagando, como antiguamente cuando ibas a entrar mercancías para vender pero sin puerta y sin mercancía.
Fue increíble estamos descargando las cosas en la puerta del gimnasio cuando un coche en la misma puerta del gimnasio se va, no fue suerte ya que esta no existe sino la providencia, un tema solucionado.
El cansancio del viaje comenzaba a pasarme factura, dejamos las bolsas y nos fuimos caminando hasta el restaulante chino, para variar.
La cena copiosa hasta reventar, los más jóvenes aun así pidieron postre y aquí nos dieron el sablazo, unos 22€.
Sobre las doce de la noche más o menos volvimos caminando hasta el gimnasio y ese fue uno de los grandes momentos, descubrí que no soy yo solo sino que somos más y estuvimos hablando a nuestras anchas hasta las dos de la mañana.
La habitación era espaciosa, amplio vestuario, múltiples duchas. Teníamos casi de todo menos un colchón.
Aquí nos reímos una barbaridad, los que estamos acostumbrados a las “survival” no tuvimos muchos problemas en coger el sueño.
Sobre las siete de la mañana nos comenzamos a mover y a las ocho salíamos en metro dirección a la Puerta del sol.
Fuimos a ver el oso y el madroño,  la Plaza Mayor, caminamos por la calle de Alcalá, vimos el edificio Metrópolis tan característico, la fuente de la Cibeles y claro está, la puerta de Alcalá.

Desayunamos en un bar de estos modernos con mesas,  sofás, camareros raros y ambiente relajado.
Como diría alguien que conozco “de luju”.
Ese día los bomberos estaban preparando una manifestación por lo que vimos carrozas sin ser navidad.





Una vez en la Puerta de Alcalá cogimos el metro hasta Ventas para una reunión que teníamos a las once de la mañana con los representantes de las diferentes delegaciones.
A las dos del medio día dimos por finalizada la reunión por lo que después de despedirnos volvíamos a casa.
El viaje de vuelta largo largo. Como experiencia fue muy positiva, recordamos con afecto a aquellos que querían venir y no pudieron, lastima, esperamos repetirlo pronto.


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